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La partida más larga de la historia

por JUANPASTOR, 28.10.2008.

Este salmantino de pro -que no profesional- vio la luz un 15 de abril de 1967. Quiere decir esto que ya tengo tantos años que, a veces, me da por contar historias. También empiezo a conocer a demasiada gente que ha muerto, prueba inequívoca de que me estoy haciendo viejo. Cuando eres niño o chaval esto no sucede -algún familiar y poco más-; pero con el tiempo ves que la cosa se acerca. Mas dejémonos del futuro y vamos al pasado y presente. Empezé a saber del mundo del naipe a los cinco añitos. Mi abuelo me enseñó tute, brisca y demás juegos tradicionales españoles. A los 14 descubrí el mus y a los 16, el poker. Bien es cierto que siempre el "tapado", "el de toda la vida".

Mi vida dio un pequeño giro cuando fui a la universidad y cursé estudios de ingeniería industrial y periodismo -un dos por uno un poco extraño-. Además de cálculo, álgebra, historia de la comunicación y ética profesional, ¡vaya mezcla!, tuve clases intensivas de poker. Lo dejé durante unos años en los que, como buen hijo de Dios, me dediqué fundamentalmente a laborar, que para eso había estudiado hasta las 32 primaveras. Sin embargo, cosas de la vida, hace ocho me metí a currar en el mundo internet: me hice virtual, fantasmagórico. Transcurridos dos años, empecé en el mundo del juego -no se crean, también trabajando- y todo se disparó. A partir de aquí: "all-in!". Me podreis encontrar en las mesas de poker y retransmitiendo el EPT Live por Europa. Nos vamos a divertir: prometido.


La partida más larga de la historia

Allá por enero de 1949 Johnny Moss y Nick el Griego Dandolos se sentaron frente a frente y comenzaron la partida de cartas más larga de la historia. Un maratón de naipes que, hasta la fecha, permanece imbatido. En lo que quizá fue el germen de las Series Mundiales de Poker, el Binion´s Horseshoe Casino en Las Vegas fue testigo sobre como los dos jugadores más grandes del momento pararon de darle a picas, corazones, tréboles y diamantes hasta mayo. Una marca que hasta ahora nadie ha batido y que, dados los tiempos que corren, parece difícil de superar.

Benny Binion, el propietario del casino, tenía en mente la idea de montar una suerte de espectáculo de poker para atraer a los turistas. Que mejor que preparar un mano a mano entre Johnny Moss y el Griego. Moss, amigo de la infancia de Binion, era considerado como el mejor jugador del mundo. Nacido en texas, se curtió en Dallas donde aprendió todos los trucos, lícitos e ilícitos del arte del “burlé”. Por ese conocimiento, siendo sólo un chaval, un salón lo contrató para asegurarse de que el local estaba limpio de tramposos y gente de similar ralea. Ya adulto, vivía de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo buscando una mesa en la que ganar unos dólares: vamos, un rounder genuino. Durante todo este tiempo se vio envuelto en infinidad de situaciones, vamos a llamarlas “embarazosas”, que trataremos en otro artículo que les recomiendo no se pierdan.

En el otro rincón del ring teníamos a Nicholas Andreas Dandolos. Nuestro segundo protagonista era un apostador nato. Nació en Creta en el seno de una familia rica. A los 18 años su abuelo lo mandó a Estados Unidos con una asignación semanal de 150 dólares. Se estableció en Chicago, aunque viajaba con frecuencia a Montreal debido a las carreras de caballos. Apostaba en todo y a todo: hipódromos, galgos, dados, cartas, ruleta… Era una atracción en los casinos en los que se dejaba caer. Se estima que ganó y perdió durante su vida la suma de ¡500 millones de dólares! Según él mismo reconoció, se arruinó y enriqueció más de 73 veces.

Moss y Dandolos estuvieron batallando durante cinco meses en el Binion´s. Jugaron a todos los tipos de poker conocidos. Hubo numerosos altibajos: ora estaba arriba Johnny ora Nick. Al principio, parecía que el Griego estaba cercano a limpiar al Moss, pero el maestro supo reponerse y sobrevivir.
El dúo apenas dormía, abandonando la mesa cada cuatro o cinco días. La multitud se arremolinaba para presenciar en directo este duelo a brazo partido. Querían ser testigos de un hecho que se convertiría en leyenda, al menos en el mundo del juego. La fatiga hacía mella en ambos, pero ninguno se rendía. Al final, se impuso la superior categoría de Moss, a pesar de que Nick se aferraba a la mesa como una lapa. Tras la última mano, queda para el recuerdo una de las frases más memorables de la historia del poker. Dandolos le espetó a Johnny: “Señor Moss, me temo que tengo que dejarle ir”. Tras esto, se fue a dormir. Johnny era 15 años más joven y la diferencia de edad se notó en las últimas semanas.

Nick siguió jugando hasta que murió en 1966. Acabó jugando partidas de cinco dólares en California. Un colega de mesa le preguntó cómo era posible que estuviera sentado allí tras haberse apostado millones. Dandolos le respondió con una de sus sentencias geniales: “¡Eh!, hay emoción, ¿o no?”.

Moss ha sido uno de los mejores jugadores de la historia. Quizá con Stu Ungar, los dos más grandes. Ganó el evento principal de las Series Mundiales en 1970 (por votación), 1971 y 1974. Sólo Ungar igualó esta marca. Consiguió un total de nueve brazaletes, algo que sólo superan Johnny Chan (10), Doyle Brunson (10) y Phil Hellmuth (11). Murió en 1997.

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