Buceando en los abismos del poker he encontrado una serie de “perlas” de la vida y andanzas de uno de los más grandes, Johnny Moss. No se pierdan esta maravilla y vean cómo ha cambiado todo en los últimos años.
Johnny Moss, allá por 1928, era un jovencito de 21 primaveras que recorría Texas con Curly Green y Pat Renfro. Iban de tugurio en tugurio, de garito en garito buscando pardillos a los que desplumar. Pero el estado de la estrella solitaria no era el Vaticano, y Curly tenía en su Cadillac un potente rifle, una recortada, una pistola semiautomática del calibre 22 y el revolver del 38 que siempre llevaba cuando ponía los pies en un local de juego. Johnny Moss y Curly habían coincidido a lo largo de muchos años en Dallas. Ambos llevaban unos amplios pantalones de pinzas oscuros, que les ayudaban a camuflar el arma de fuego que siempre llevaban encima. Ser robado o detenido estaba a la orden del día.
A Pat, Curly y Johnny les habían quitado hasta la camisa hace poco en una partida en Corpus Christi, Texas. Los ladrones eran auténticos profesionales de Kansas City; tenían ametralladoras y gases lacrimógenos. Curly se metió en el servicio y escondió la mayor parte de su dinero y su anillo de diamantes del tamaño de un huevo. Los asaltantes le dijeron que saliera o que, si no, lo acribillarían a través de la puerta. Cuando asomó la gaita, el cabecilla, que estaba enmascarado, le preguntó: “¿Curly, dónde está ese anillo?”. La banda puso a todo el mundo en fila y les cacheó. Después dijeron que lo iban a hacer de nuevo y que, si alguien se resistía, le pegarían un tiro. Pat dijo: “Oye, os habéis dejado un pico”, señalando cuatro billetes de cien dólares dentro del bolsillo de su camisa.
Los bandidos se llevaron el Cadillac de Curly, pero le dijeron que se lo dejarían a unos tres kilómetros de allí. En aquellos tiempos los chorizos eran gente de mejor calaña de lo que lo son hoy en día. Cuando Curly llegó al coche empezó a contar los pesos que tenía guardados en cajas en el maletero. Había estado apostando a los dados en México y tenía montones de fajos. Los agentes lo vieron, y en los periódicos se publicó que los bandidos se habían dejado miles de dólares, lo cual no era cierto.
Continuamente había arrestos durante las partidas de poker y de dados. Una vez, Johnny Moss volaba de regreso a casa desde Alabama y departía animadamente con una persona muy agradable, su compañero de asiento. El hombre le preguntó: "¿Hemos cruzado ya la frontera del estado?". Cuando Johnny le dijo que creía que lo habían hecho, el tipo del FBI le arrestó por violar la ley de Juego.
En cierta ocasión se iba a celebrar en Longview una timba. Sería de las grandes. Johnny Moss había ganado millones de dólares en el poker, el golf y los bolos; pero había dilapidado otro tanto en los dados, las apuestas deportivas y los caballos. La partida tendría lugar en el club Elks. Era noche de juego y había cinco mesas de dados abiertas en la planta de abajo. Se podía tirar o ir en contra, poniendo el dinero en la mesa. Curly apostó varias veces contra el lanzador. En la planta de arriba había dos partidas de póquer. Una era de seven card stud con límite de cinco dólares. Curly vio cómo un anciano vestido con un mono con un peto hacía trampas repartiendo y se calló para aprovecharse del asunto.
Johnny Moss era la fuerza dominante. Era el que más hablaba, desafiando verbalmente sus oponentes. "Vamos, hemos conducido un largo trecho para jugar". Parecía que tenía una fortuna. Por entonces se jugaba con dinero en metálico. No se usaban fichas debido a las frecuentes redadas policiales. Normalmente, la gente ponía los billetes de veinte debajo, los de cien y los más grandes en medio y los de cinco arriba. No había manera posible de mirar al otro lado del tapete y de dar a alguien por acabado. No se podía preguntar cuánto tenía un jugador hasta que se hubiera apostado todo. La partida era de seven card stud lowball. Los que contaban con restos más pequeños tenían unos pocos miles de dólares enfrente de ellos. Cuando se mostraban dos o tres cartas en la mesa, cualquiera con ventaja envidaba y el bote normalmente acababa ahí. Si Johnny Moss tenía una mano a la par, acostumbraba a poner todo contra los restos pequeños. Solía decir que podía cubrirles, así que nadie sabía cuánto dinero había en su fajo de billetes de 15 centímetros de altura. De repente había en circulación billetes de quinientos y de mil dólares. Curly tenía un bolsillo lleno de los grandes, que sacaba a relucir cuando había apuestas fuertes. Podías meterte en un bote con alguien que pensabas que estaba débil, y después descubrir que disponía de un montón de pasta. Si Johnny Moss doblaba a un rival, era sólo entonces cuando se contaba. Si él ganaba, no se podía ni siquiera calcular cuánto había en el centro, ya que lo recogía rápidamente. Mientras se estaba jugando una mano, los que no participaban permanecían con la boca cerrada. Moss se burlaba y retaba a sus rivales, haciendo del lenguaje verbal su arma para poner nervioso al personal. Cuando finalizaba la “tragedia”, no lo celebraba ni se regocijaba, y, si una persona sufría una fuerte perdida o quedaba fuera de combate, no demostraba ninguna emoción. Era más bien cuando estaba a punto de acabar la mano, ya que uno no se mofa de alguien que ha perdido. Muchos de los que había en la sala, incluyendo a Curly y a Johnny, llevaban pistolas.
Al principio, tanto Curly como Pat Renfro y Johnny Moss participaron en la partida. Pat jugó extremadamente conservador, tal y como hacía toda su vida en cualquier juego, sin importarle lo que ocurriera a su alrededor. Cuando alguien se quedaba pelado, siempre había uno dispuesto a ocupar su asiento. A medida que avanzaba la noche era evidente que Johnny Moss estaba perdiendo. Se quejaba de su mala suerte. Curly abandonó casi como empezó. Les dio más dinero a Johnny y a Pat, ya que la timba se iba haciendo más fuerte a medida que avanzaba la noche. Finalmente, pilló una buena racha cuando se hacía de día y arruinó a varios jugadores. Tenía unos ojos penetrantes, omnipresentes, impávidos, temibles, desconcertantes, fríos, depredadores y presuntuosos; permanentemente entreabiertos, escaneando la sala y estudiando cada detalle. Parecía que podía ver a través de las personas y del dorso de las cartas.
Moss se trasladó a Odessa, en Texas, a mediados de los cincuenta para estar cerca del boom del petróleo, del juego y de los grandes apostadores, entre ellos, Paul Harvey y Tom Pinkie Roden. Éstos organizaban una de las partidas más fuertes durante muchos años. Paul Harvey, un importante corredor de apuestas y jugador, tenía como clientes a los magnates tejanos del petróleo de Midland y Odessa. Una vez, Paul y Johnny jugaron al poker uno contra el otro durante cinco días y sus respectivas noches. Después, se tomaron un descanso de dos y volvieron a la carga otros cinco seguidos. No hace falta decir que Johnny ganó. Pinkie había sido uno de los grandes contrabandistas de Texas antes de crear la mayor cadena de tiendas de venta de licor del estado. Tenía un pequeño hotel en Odessa llamado Golden West. Las timbas se celebraban en un club privado del edificio llamado Golden Rooster. Esta era la partida habitual de Johnny Moss y de muchos de los futuros ganadores de las primeras World Series of Poker (WSOP) que incluían a Moss, Amarillo Slim, Doyle Brunson, Brian Sailor Roberts, Bill Smith y Jack Treetop Straus. Muchos de los más famosos tahúres trotamundos de los cincuenta y sesenta fueron a Odessa para poner a prueba a Moss; entre ellos estaban: Doc Ramsey, James Longgoodie Roy, Joe Floyd y Charlie Hendrix. Los peces gordos de por entonces eran los corredores de apuestas, los contrabandistas y la gente del petróleo. Al garito de Pinkie llegaban jugadores de todas partes. Primero se pavoneaban frotándose las manos y después tenían que salir con el rabo entre las piernas lamiéndose las heridas.
Mickey Cohen, el jefe de la mafia más importante de la costa oeste, fue a Odessa para jugar con Paul Harvey y su gente del petróleo. Fue el personaje interpretado por Harvey Keitel en la pelicula Bugsy. Era la mano derecha de Ben Siegel. Los rangers de Texas oyeron que Cohen había llegado y pidieron que se marchara del estado. Cuando los rangers llamaron por teléfono a Paul Harvey, éste les preguntó: "Bueno, ¿qué es, un forajido?". Paul Harvey le proporcionó a Cohen una limusina para ir a Wichita Falls, pero los rangers lo arrestaron y lo condujeron a Dallas, donde voló de vuelta a Los Angeles.
Johnny Moss mantuvo su residencia en Odessa y en Las Vegas durante el resto de su vida. Era fácilmente reconocible con su gorrita de golf, su jersey de punto y sus gafas de Buddy Holy. Se trataba de un hombre extremadamente educado, mas tenía fama de ser bastante duro con los crupieres. Ganó un total de ocho brazaletes en las Word Series. Logró el último cuando tenía 81 años, en 1988. Continuó jugando hasta su muerte, a la edad de 89, en 1997.
Cuando rozaba la barrera de los 90 iba por todos los rincones del Horseshoe en un cochecito eléctrico, el cual tenía una pequeña bocina de goma similar a la que siempre llevaba Harpo Marx. Le gustaba mucho tocarla. Jugaba partidas de 20 dólares con límite y solía quedarse dormido en la mesa. Estas siestas podían durar una ronda; los crupieres sabían que no debían molestarle. Johnny Moss era tratado como un rey. Se alojaba gratis por cortesía de Jack Binion. Le apodaban The Grand Old Man of Poker, y realmente lo era.





