Ha habido unos cuantos presidentes estadounidenses a los que realmente les ha gustado practicar el noble arte del póker, en algunos casos mezclando el burlé con sus quehaceres políticos.
La primera historia se remonta a poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial cuando Harry S. Truman se tomó unos días de descanso a bordo del navío USS Augusta. Pues bien, se pasó la mayor parte del tiempo jugando al póker con los periodistas que cubrían la información de la Casa Blanca, invitados también a las jornadas de solaz.
Solían empezar la timba a eso de las 8:30 de la mañana (con todo preparado y organizado para tal menester) y seguir ininterrumpidamente hasta la medianoche. En uno de los recesos, el secretario de Estado, James Byrnes, les dijo a los plumillas que por qué no dejaban tranquilo al mandatario en lugar de picarle para seguir dándole al naipe. "¿Dejarlo en paz?", replicó uno de ellos, "es él el que no nos deja a nosotros".
La salsa del asunto fue que durante estas partidas Truman reveló públicamente los primeros detalles de la existencia de una "bomba atómica" y explicó a los reporteros cómo se había gestado el proyecto, su desarrollo y la intención de arrojar el artefacto sobre Hiroshima.
Siguiendo la senda de los gobernantes norteamericanos en el año de gracia de 1803 Thomas Jefferson, reconocido jugador, le compró a los franceses la Louisiana por 15 millones de dólares. Con ello prácticamente dobló el tamaño del país. El Mississippi y el Ohio se convirtieron en las arterias que llevaban a los emigrantes a las nuevas tierras, a la conquista del Oeste. En 1835 alrededor de 250 barcos de vapor navegaban por ambos con unos 2.000 jugadores profesionales a bordo buscándose el parné. Había nacido una nueva figura de la cultura estadounidense.
Y de entre todas las "ratas" fluviales que se dedicaban a desplumar pardillos, posiblemente, el más grande entre los grandes fuera un hombre de Ohio llamado George H. Devol, que jugó diferentes juegos de cartas surcando el gran río sureño durante más de 40 años. Algunos dicen que se embolsó más de un millón de dólares de los de entonces durante sus tiempos de tahúr.
Devol era hijo de un carpintero naval. Se largó de casa a los 10 años y comenzó a trabajar en un barco de vapor. Fue aquí como empezó su carrera de jugador. A los 15 ya era un experto en diversas modalidades y un auténtico as del naipe.
Alrededor de 1840 Devol se trasladó a la frontera mexicana debido a la guerra que había en Texas. Al parecer, hacer desaparecer la paga de las tropas era su especialidad. A los 15 añitos ya había amasado unos miles de dólares y recorría el Mississippi con otros burlangas como Big Alexander y Bill Canadá Jones.
En cierta ocasión dejó pelados a unos ministros del Gobierno, pero, inexplicablemente, les devolvió la pasta con el aviso: "Largaos y no lo volváis a hacer". Sin embargo, no mostraba la misma piedad con los hombres de negocios, soldados o granjeros con los que se sentaba en los barcos del río.
Con el tiempo Devol se pasaba los días viajando por todo el Oeste buscando una buena partida con primos. Jugó también en trenes, y una de las veces dejó sin blanca a uno de los directores de un ferrocarril. Consecuencia: se prohibió jugar a las cartas en esa línea.





